El fin del mundo es el principio de esta historia. Donde las nubes son quienes nos encuentran forma y el viento nos arranca unos cuantos cabellos para saber si la Luna en verdad lo ama. Ella se arreglaba para pasar frente a un grupo de ciegos y él era un esquizofrénico que en vez de escuchar voces escuchaba silencios. Que se conociera fue una casualidad. Una casualidad planeada por el destino.
Ambos se encontraron cuando caminaban en la ciudad, cada uno tenía su mente en un libro distinto: La de ella se centraba en el viejo libro de historias románticas y la de él en su viejo cuaderno para colorear.